Por Norma Rojas
En el Perú, por alguna extraña razón, el pequeño agricultor, especialmente el de la sierra, se siente (aunque suene duro decirlo) poco menos que un mendigo. Es un cierto estigma, que debe tener algo de atávico, que le hace sentirse menos en la escala económica y social.
“Tú al menos tienes una profesión, yo no tengo nada, me quedé en la chacra con los viejos, y ahora soy sólo un agricultor” ¿Quién con orígenes campesinos no ha oído alguna vez decir esta frase lapidaria, este amargo reproche, a la hora de los reclamos familiares?
Seguramente hay más de una explicación para justificar este “complejo” pero en este espacio quisiera apuntar más bien a las razones para desecharlo. Hoy, más que nunca, si hay una actividad que puede convertirte de la noche a la mañana en “empresario” (y no se puede negar que esta palabra suena sexy), es la agricultura. Más aún, si tienes tierras que puedes arrendar o poner como capital de trabajo, ya eres un potencial inversionista. Producir algo que necesite el mercado y venderlo en el momento más adecuado añade poder y eso es mucho más interesante que marcar tarjeta aunque lo hagas enfundado en el más fino terno y corbata.
El Perú todavía mantiene viejos “clichés” de sociedad conservadora donde el status -que antes lo daba el sólo tener un apellido rimbombante- hoy se consigue con “carreras” profesionales. No obstante, en las últimas dos décadas, si algo ha contribuído con “mejorar la fotografía” que se tienen de sí mismos los pequeños agricultores ha sido la actitud emprendedora de los agricultores de la costa. Como verdaderos empresarios del agro, ellos generaron lo que hoy es la agroexportación peruana de una manera empresarial, profesional, mirando ejemplos exitosos de otros países como Chile, Estados Unidos, etc.
Esa movilización innovadora del agricultor moderno animó al productor de pequeñas parcelas a imitar las experiencias de éxito y a tomar una nueva actitud consigo mismo. Pero , como hay recaídas en todo proceso de recuperar la autoestima, sucesos como el del ataque de la roya amarilla –por ejemplo- que afectó a 123,000 productores en once regiones cafetaleras hace dos años, hicieron retroceder esa confianza y llevaron a muchos productores a abandonar el campo y buscar refugio en la empleocracia, convirtiéndose de empresarios en empleados de municipios, principalmente.
Batallar contra esas debilidades es difícil pero no imposible. Hay autoridades enfrascadas en esas luchas, alcaldes valientes de recónditos pueblos, empresarios altruistas, emprendedores solitarios, dirigentes natos que siembran esperanza entre los desesperanzados…y también los medios de comunicación.
Dentro de la vorágine de superficialidad que invade a la prensa y los medios hoy en día, la labor de la prensa especializada es digna de rescatar. El periodismo agrícola, agropecuario, de agronegocios, agroalimentario o como quiera llamársele, está librando una batalla muy particular: llevar la herramienta del conocimiento, de la información, a los pequeños agricultores, actualizándolos, modernizándolos, mostrándoles el camino corto, los éxitos y fracasos de los medianos y grandes agricultores, y ensalzando los graduales avances de los nuevos emprendedores. Una tarea muy noble pero muchas veces mal reconocida.
El agroperiodismo tiene entre sus manos la gran responsabilidad de -en primer lugar- devolver la confianza al agricultor, convencerlo de que regrese al campo que abandonó, pero que es importante que regrese preparado, capacitado, con nueva actitud; debe convencerlo de que no es último sino el primero en importancia, de que es un empresario, de que tiene la llave de la despensa que dará de comer al mundo.
El agroperiodismo es periodismo útil y cuenta ahora con todas las herramientas que brinda la modernidad para llegar al agricultor: prensa escrita, especialmente revistas ya que cada vez menos diarios dedican espacios a temas “poco rentables” como educar en agricultura; la radio, un medio muy importante pero desaprovechado para estos temas si no se cuenta con auspicios que sostengan económicamente dichos espacios; la televisión , un medio masivo por excelencia pero, al igual que la radio, sujeto necesariamente al interés comercial; medios digitales (webs, blogs, redes sociales, videos, streaming TV , etc.) muy accesibles y muy económicos pero aún restringidos.
Nuestra revista, desde hace casi 10 años, se encuentra en esa lucha: llevar información y conocimientos a los agricultores que lo necesitan. Nuestra alianza con universidades y gremios de productores nos permite llevarla a alejadas zonas en provincias. Muy pocas revistas conozco que hayan empezado esta lucha y se hayan retirado a los pocos años (en Perú hay revistas de agro que superan los 30 años) y es que hay algo que apasiona y que nos envuelve tercamente en este actividad.
En estos años hemos acompañado el surgimiento de muchos gremios agrícolas y difundido la creciente presencia del Perú en mercados internacionales, pero ha sido gracias a la existencia de internet que hemos podido llevar sin límites, de manera virtual, los contenidos de nuestra revista de papel. Más aún, podemos interactuar con nuestros lectores quienes pueden hacer consultas a través de nuestro portal web. Nos cabe la satisfacción de que la mayor cantidad de consultas y comentarios provienen de productores de provincias que no se sienten menos que otros por tener media hectárea.
Lo mismo sucede actualmente en vísperas de un suceso climático como el Fenómeno del Niño que demanda llegar a tiempo al agricultor para advertirle tomar medidas de previsión y evitar plagas en sus cultivos. Para ello recurrimos a Youtube. Tenemos estadísticas puntuales de cómo determinados artículos sobre emprendedores de éxito, publicados hace algunos años, como el de un productor de aguaymanto de Cajamarca, siguen motivando a agricultores a desarrollar proyectos similares. Así también hemos enseñado que se puede producir más sin incrementar las áreas de cultivo sino utilizando mejor tecnología.
Consideramos por esta razón que, en estos tiempos, es revolucionaria e inexorable la interacción entre los medios impresos e internet. Hoy en día la mejor herramienta con la que puede contar un agricultor, es la información y está en manos de los periodistas especializados hacer todo lo posible por llevarla hasta allí donde la necesitan.
Revista AgroNegociosPerú, ganadora premio AgroPeriodismo CropLife Latin America , categoría prensa escrita y on line